(en español más abajo)

Circles on the surface *
by Beatriz Alonso

We are waging a constant battle between the desire to run away and the urgency of staying put; and so we are learning how to live within the framework of a new instability and trying to convert it into a global force capable of generating a new paradigm. It is not surprising, therefore, that Marta Fernández Calvo’s first reaction when visiting the palace where Casa Leibniz was installed was that of wanting to run through all its rooms and passageways so as to ultimately measure the building with the beating of her heart. Her heart may have “skipped a beat” or she may simply "have been led by her heart" to name just two of the many expressions available to translate into popular language the enduring association of this primary organ with emotions. It is an association that transcends the poetic and the philosophical, from the numerous medical studies that demonstrate the heart’s cognitive function in response to alerts and external stimuli. And so, the importance of stopping at times and paying attention to that submerged beat, that inadvertent tachycardia, an awareness of the external from the perception of what is happening inside.

The present is emboded in this action, since it is only the body that can intervene and modify a situation; a body that is no longer individual but it affects others and that, in Georges Didi-Huberman’s words, can not be understood in isolation from its sensible and intellectual potential, relinquishing the modern dichotomy between emotion and reason. According to the French essayist, only when we get rid of this restrictive binomial, emotion becomes possible, and it both frees and mobilizes us, rising in response to the world in the form of revolt. It is very likely that running responds to a drive, to displacement from one state to another. But it may also be the response to the need to assess our ability to impact on a shared time and a shared space, and feel we are participants in change. To do this, the artist uses pulse as a measurement unit, a vital gesture that explores the various narratives and frequencies of a place whose architecture is blurred and propels her movements through the space.

It is in this negotiation with our environment, with ourselves and with others, where we manage to create alternative modes of comprehension, where the performance is made flesh, in the words of Antonio Negri, that we also create a new dimension. In this process of transformation toward a more human realm, the old ways of thinking are invalidated and life takes place under increasingly uncertain parameters. In 696 pulsations the impact of such an inframince act as breathing builds to become an act of resistance, comparable to the inner exercise of artistic practice. Both actions often occur completely unseen, although cause a contingent trace similar to the ripples sent out when an organism alters the tranquility of the water particles and initiates the movement that is revealed in the circles of its surface.

* "I'm under water but my heartbeat produces circles on the surface" is a quote from Milan Kundera and has in part suggested the title of this text.

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Círculos en la superficie *
Beatriz Alonso

Nos encontramos librando una lucha constante entre el deseo de salir corriendo y la urgencia de quedarse; y así estamos, aprendiendo a vivir en el marco de esta nueva inestabilidad y tratando de convertirla en fuerza común capaz de generar otro paradigma. No es de extrañar, por tanto, que la primera reacción de Marta Fernández Calvo al visitar el palacio que acoge Casa Leibniz fuera la de querer correr por sus salas y zonas de paso para, en última instancia, medir el edificio con los latidos de su corazón. Puede que “tuviera una corazonada” o que “se dejara llevar por el corazón”, por utilizar únicamente dos de las muchas expresiones con las que nos hemos dotado para traducir al lenguaje popular la sempiterna asociación de este órgano central con las emociones. Una relación que trasciende la poética y el pensamiento filosófico, pues son numerosos los estudios médicos que defienden su función cognitiva en respuesta a las alertas y estímulos que se producen en el exterior. De ahí la importancia de detenerse en algunos momentos y prestar atención a ese ruido sumergido, a la taquicardia inadvertida, en una toma de consciencia del afuera desde la percepción de lo que acontece dentro.

Hay mucho de presente en esta acción, ya que es el cuerpo lo único de lo que se dispone para intervenir y modificar un contexto; un cuerpo que ya no es individual sino que afecta a los demás y que, tal y como sostiene Georges Didi-Huberman, no puede ser entendido aislado de su potencial sensible e intelectual, dejando atrás la dicotomía moderna entre emoción y razón. Según el ensayista francés, cuando conseguimos desprendernos de este binomio restrictivo, la emoción se convierte en posibilidad, nos libera y moviliza, alzándose como una contestación al mundo en forma de revuelta. Es muy probable que correr responda a una pulsión, a esa traslación de un estado a otro, pero también a la necesidad de evaluar nuestra capacidad de impacto en un tiempo y un espacio compartidos, y de sentirnos partícipes del cambio. Para ello, la artista se sirve del pulso como unidad de medida, un gesto vital con el que indaga las distintas narrativas y frecuencias de un lugar cuya arquitectura se desdibuja e impulsa sus recorridos.

Es en esa negociación con el entorno, con uno mismo y con los demás donde logramos inventar formas alternativas de entendimiento, donde la performatividad hecha cuerpo, en palabras de Antonio Negri, se hace también nueva medida. En este proceso de transformación hacia una escala más humana, los anteriores raseros se invalidan y la vida sucede bajo parámetros cada vez más inciertos. En 696 pulsaciones la repercusión de un acto tan infraleve como el de respirar se eleva como resistencia, equiparándose al propio ejercicio de la práctica artística. Ambas acciones se dan a menudo en total invisibilidad y, sin embargo, provocan un rastro contingente, una onda expansiva como la que se origina cuando un organismo altera la tranquilidad de las partículas del agua y propaga el movimiento que se revela en los círculos de su superficie.

* “Estoy bajo el agua y los latidos de mi corazón producen círculos en la superficie” es una cita de Milan Kundera que en parte da título a este texto.